Un lugar disponible
Hace treinta y cinco años, viajar a Galicia desde Madrid significaba ocho horas de carretera nacional. Mi padre conducía. Se quejaba de los camioneros portugueses. Mi madre ponía música, que salía de unas cintas de caset grabadas de Diálogos 3, un programa musical que emitían los domingos en la radio. Mi hermano miraba incansablemente por la ventana y leía cómics. Parábamos a comer un pincho de tortilla. Yo a veces vomitaba y me dormía. Ese viaje ya no existe.
La carretera y el paisaje, sí. Aunque han cambiado también. Ahora el trayecto se hace por autopista. Paramos en Benavente y comemos un menú del día. Hacía años que no viajaba atrás. Mi padre conduce, mi madre se gira y sonríe. La última vez fue en el entierro de mi abuelo.
Para el de mi abuela, cada uno fue en su coche.
—————-
Thirty-five years ago, traveling to Galicia from Madrid meant eight hours on the national road. My father drove. He complained about the Portuguese truck drivers. My mother played music, coming from cassette tapes recorded from Diálogos 3, a music program broadcast on Sundays on the radio. My brother stared endlessly out the window and read comics. We would stop to eat a tortilla skewer. Sometimes I would throw up and fall asleep. That journey no longer exists.
The road and the landscape do, though. Even they have changed. Now the trip is on the highway. We stop in Benavente and have a daily special menu. It had been years since I traveled back. My father drives, my mother turns and smiles. The last time was at my grandfather’s funeral.
For my grandmother’s, each of us went in our own car.